Último día en el laburo

Cinco años. Bueno, cuatro años y diez meses.
La verdad que se van a extrañar cosas. No sé si hay que extrañar el laburo. Sentirse útil? No, todavía no estoy para ese tipo de emociones.
Tristeza tampoco, sí melancolía (esto porque no soy un tipo triste y sí melancólico).
Me voy a acordar de varias cosas.
Del ascensor lleno de gente seria a la mañana, la cara conocida y la que buscamos evitar.
De los enormes almuerzos, míticos.
Del que se reía conmigo y del que entendía mis chistes, incluso los que incluían un razonamiento encubierto.
De los que se horrorizaban en serio y de los que se divertían conmigo pero lo disimulaban para no darme manija.
De pensar a las 10 de la matina que se iba a almorzar, ya sabiendo que el almuerzo en una oficina no solo nutre el cuerpo sino el espíritu.
De Dios y su interminable paciencia sobre mis comentarios sobre él.
Cinco años es mucho tiempo. Termina una etapa y comienza otra. Miro para atrás y estoy contento. Hice muchas cosas. Aprendí de la gente y con la gente.
Me quedó claro que lo que importa es la bondad y la simpleza de las personas por encima de toda otra categoría que inventemos para diferenciarnos.
A mis amigos y compañeros de trabajo, a los que no me querían mucho y a los que me aceptaban a pesar de que no coincidían conmigo.
Los voy a extrañar mucho.

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