Amanecer de un día agitado
Me levanto el día de mi casamiento. Escucho a Adriana Varela y al polaco Goyeneche cantar "Balada para un loco" y "Garganta con Arena". Romi ya comenzó la larga rutina de volverse todavía más novia, todavía más bella, si es que eso no es una exageración. Yo espero. Tengo que ir al super. El día es hermoso, perfecto, suena a sábado a la mañana pero es viernes. Parece que estuviese conteniendo el aire para esperarnos. Y mientras espero estoy seguro de que la suerte me ha dado de más, como si le cayese bien a pesar mío, permitiendo que ella, ella y justo ella, se haya fijado en mí. Entonces vuelvo a darme cuenta que el día es bueno pero es excelente porque ella me está esperando, que el cielo brilla pero ese azul perfecto que entra por la ventana es irreproducible en palabras porque ella se encuentra por ahí, allí afuera, en Buenos Aires, esperando el mediodía que nos va a seguir uniendo.
La vida es una locura, pero que feliz que me hace.
La vida es una locura, pero que feliz que me hace.

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