La mayoría de los post que he escrito y dejado en borrador de Junio hasta acá, se refieren a mi papá. A momentos que quisiera compartir con él, a las conversaciones que tenemos todo el tiempo en mi cabeza y demás cosas inimaginables donde me asalta su voz, su recuerdo, las ganas de charlar con él. Me cuesta mucho no pensar qué diría mi papá de algo. Me cuesta no tener ganas de llamarlo para conversar. Siempre supe que yo podía andar por el mundo de un lado para el otro porque llevo conmigo el amor de mi familia.

Existen días en los que me parece que la humanidad esta un poco perdida, donde no puedo comprender el egoísmo y la avaricia. Que no son más que simple mediocridad. Me cuesta el mundo algunos días. Me cuesta y ando desesperada por esos pequeños actos de grandeza.

Siempre me pregunto si le dije a mi padre suficientes veces que lo amo. Siempre le pregunto a mi mamá
si ella sabe lo mucho que la amo. Algunas veces lo más importante se nos escapa entre tanto trajín.
Pero también tengo que dar crédito a mi fortuna. Porque yo no podría estar parada sobre mis dos pies si no fuera por la fortaleza de mi familia biológica y de mi familia elegida que son los amigos.

Se me metió en la cabeza que el la historia de mi vida va a cobrar más sentido en un futuro no muy lejano cuando me dé vuelta y mire atrás. Entiendo que van a aparecer las razones y de pronto el sentido último de las cosas.  Y la suma de las aparentes reprochables decisiones serán las que me han llevado a las más afortunadas experiencias.

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