Windy, lonely, messy single days!
Voy a escribir una pavada. No es que alguien piense que escribo grandes pensamientos metafísicos pero esto que viene es pavo, pero divertido (y de paso saca de primera plana lo cursi de mi post anterior).
Ya hace un par de días que Romi se fue a Argentina (de donde me prometió que va a volver). La cosa es que con tanto tiempo libre me pregunto: ¿Qué cambió de mi rutina diaria? ¿Algo? ¿Nada?
Bueno, en este par de días hice una evaluación del tema, una introspección mejor dicho, y llegué a esta gran verdad. Mi noviazgo y posterior matrimonio con Romi ha dejado de lado un objeto central de mi vida, una parte que antes estaba ahí, conmigo, en las buenas y en las malas, cuando dormía y cuando estaba enfermo, cuando pensaba a futuro y cuando vivía con mis padres. Este objeto es el queso. Sí, el queso. Si estuviese socialmente aceptado dormiría enroscado a un cilindro de provolone.
Cuando se fue Romi lo primero que hice fue hacerme una pasta cuatro quesos con salsa de queso azul. Posteriormente me hice una pizza (en realidad está en el horno ahora) obesa en queso, queso y salamín y jamón y no tiene más queso porque tengo que guardar queso para mañana. Después organicé una comilona con unos amigos para el finde próximo. ¿Menú? se preguntarán algunos que me siguen el juego. Algún apurado responderá a los gritos como un mariquita: ¡Ya sé, ya sé! ¡Queso!. No, idiota, ¿Cómo voy a organizar una comilona de queso? ¿Una tabla de quesos? Cerca, mejorando. Fondue. De queso. Nuevas ideas quesísticas burbujean en mi mente en tono narcótico. Increíble.
Obvio que hay pequeños otros detalles. Los platos se lavan increíblemente rápido y la cama se siente igual de cómoda a pesar de que la última vez que fue hecha fue por las manos de Romi. La composición de la heladera pasó a incluir dos o tres tipos de cerveza (tipos de cerveza, no cervezas, lector apresurado) más la coca para el fernet. Fuera aguarda un Cabernet Sauvignon. Y queso, queso feta griego, queso cheddar, mozzarella para la pizza ocasional, un roquefort danés. No es que con Romi no como queso pero ahora que no está esto es una orgía láctea.
Pd: les adjunto una foto de la belleza que mis manos y el horno hicieron. Pesa alrededor de ochocientos gramos pero igual la amo. Aparte seguro va a ser superdotada porque le puse la novena mientras se gestaba. ¿No es un amor?

Comentarios
Te amo!
cuando el gato no está los RATONES COMEQUESO !!!BAILAN!!!
Besosss