Planeando planes
Bueno, tiempo ha pasado desde mi última entrada. Eventos se han desenvuelto de a poco como un nudo húmedo y cansado. Vamos a revisar de a poco.
Tuve mucha suerte y me ofrecieron tres becas. Lancaster, Warwick y City University London. Tras una semana donde me sentí temporalmente como Messi, con Warwick ofreciéndome más y más miles de pounds, decidimos irnos para Londres. Romi estudia part-time y trabaja, yo estudio y trabajo, ahorros de por medio, mucho huevo, esperanzas y vamos todo al negro el 11.
Lancaster, pequeña y verde, aburrida y segura, nos entrega sus últimos días. En dos meses estaremos en la gran ciudad sufriendo y disfrutando de nuevas aventuras y miedos. Transporte, costos, tránsito. Chau a nuestro prolijo departamentito en un campus, a nuestros monótonos días lentos para recibir la enorme ciudad donde todo sucede y todo cuesta, donde todos quieren todo. Va a estar bueno, al fin y al cabo, como Londres Nueva York y poco más, con crisis y todo. De hecho, como dicen acá, Londres no es Inglaterra, es Londres. Como me dijo un amigo cuando le comentaba mis dilemas: 'Vivir en Londres becado, ¿qué más querés? (en realidad no lo dijo así ni con ese acento porque es mexicano). No mucho. No tener hambre, que Romi trabaje y estudie. Nothing else. Después yo me arreglo.
Ahora salimos nuevamente a la ruta, literalmente: tres días a las Highlands escocesas como para ir despiéndonos del norte de la Gran Bretaña. Luego Londres para ver amigos y familiarizarnos con el paisaje y luego a pasar los últimos días calmos antes de empacar y salir nuevamente para allá, a lo nuevo, a lo todavía no imaginado ni imaginable. Pero con calma las cosas llegan. Y con el corazón y la panza llena, bueno, la espera se hace más llevadera.
Vuelvo en poco tiempo, mis queridos amigos.
Pd: sorpresa del día, me fuí a sacar una radiografía por la mala maniobra futbolística que quise hacer el otro día (que hubiese sido fantástica), y para mi sorpresa, todo digital. No más sobre papel madera, no más ruidos extraños de una maquina vetusta. El médico me dice: ¿Querés ver tu radiografía? (en otro idioma, claro esta). Sure, le respondo como si fuese el hijo de Bernard Shaw. Da vuelta el monitor, clickea mi nombre. Pum. Mi tobillo, frente y perfil. Ves, no tenés nada, me dice. Joya, le digo. Y por adentro: qué barbaro che, la tecnología...
También el pan rallado viene en lata tipo Pringles, pero bueno, no puedo andar contando todas las locuras que veo.
Tuve mucha suerte y me ofrecieron tres becas. Lancaster, Warwick y City University London. Tras una semana donde me sentí temporalmente como Messi, con Warwick ofreciéndome más y más miles de pounds, decidimos irnos para Londres. Romi estudia part-time y trabaja, yo estudio y trabajo, ahorros de por medio, mucho huevo, esperanzas y vamos todo al negro el 11.
Lancaster, pequeña y verde, aburrida y segura, nos entrega sus últimos días. En dos meses estaremos en la gran ciudad sufriendo y disfrutando de nuevas aventuras y miedos. Transporte, costos, tránsito. Chau a nuestro prolijo departamentito en un campus, a nuestros monótonos días lentos para recibir la enorme ciudad donde todo sucede y todo cuesta, donde todos quieren todo. Va a estar bueno, al fin y al cabo, como Londres Nueva York y poco más, con crisis y todo. De hecho, como dicen acá, Londres no es Inglaterra, es Londres. Como me dijo un amigo cuando le comentaba mis dilemas: 'Vivir en Londres becado, ¿qué más querés? (en realidad no lo dijo así ni con ese acento porque es mexicano). No mucho. No tener hambre, que Romi trabaje y estudie. Nothing else. Después yo me arreglo.
Ahora salimos nuevamente a la ruta, literalmente: tres días a las Highlands escocesas como para ir despiéndonos del norte de la Gran Bretaña. Luego Londres para ver amigos y familiarizarnos con el paisaje y luego a pasar los últimos días calmos antes de empacar y salir nuevamente para allá, a lo nuevo, a lo todavía no imaginado ni imaginable. Pero con calma las cosas llegan. Y con el corazón y la panza llena, bueno, la espera se hace más llevadera.
Vuelvo en poco tiempo, mis queridos amigos.
Pd: sorpresa del día, me fuí a sacar una radiografía por la mala maniobra futbolística que quise hacer el otro día (que hubiese sido fantástica), y para mi sorpresa, todo digital. No más sobre papel madera, no más ruidos extraños de una maquina vetusta. El médico me dice: ¿Querés ver tu radiografía? (en otro idioma, claro esta). Sure, le respondo como si fuese el hijo de Bernard Shaw. Da vuelta el monitor, clickea mi nombre. Pum. Mi tobillo, frente y perfil. Ves, no tenés nada, me dice. Joya, le digo. Y por adentro: qué barbaro che, la tecnología...
También el pan rallado viene en lata tipo Pringles, pero bueno, no puedo andar contando todas las locuras que veo.

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