
El sábado nos fuimos caminando del campus al pueblo y nos pusimos a pensar en la directa relación entre el frío y el pensamiento filosófico/académico. Nos acordamos de Hegel que en su caso extremo ni siquiera salió de su pequeño pueblo durante su existencia. Y claro si con este frío quedan pocas opciones para realizar entre amigos: filosofar, escabiar (léase beber en lunfardo) o ingerir alimentos. Si me pones a elegir, me quedo con la alegría brasilera pero es cierto que si estuviera más lindo el tiempo sería una tortura agarrar un librillo. Relexiones nomás de este lado del charco.
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